Año XINumero 155
| editorial | |
| Alergia en El Bolsillo por Koldo Royo | |
| firman en esta edición | |
| Matteo Gaffoglio 42º Edición Del Vinitaly | |
| Lola Lapierre Pide por Esa Boquita | |
| Iñigo Zarauz Las Alubias, Una Honesta Legumbre | |
| José Oneto La Patata, El Rey de Los Tubérculos | |
| Raúl García Jiménez El Ajo: Condimento Esencial Del Mediterráneo | |
| Nuria Baguena Los Romanos, La Diversidad en La Alimentación | |
| Agustí Solà Me Gustan Los Hoteles | |
| Manolo Rincón Un Rato en La Feria de Abril 08 | |
| Paul Ibarra Patatofilia | |
| Lourdes Verger Cocinando con Amor | |
| reportaje especial | |
| Paraguay Turismo y Gastronomía |
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Viernes 11 de abril de 2008, Charco de la Pava, uno de los aparcamientos oficiales de la Feria de Abril, 9:00 p.m. Me dirijo al autobús lanzadera, el cual me llevará a la entrada del recinto ferial. Por el camino de albero me encuentro con gente variopinta, ejecutivos, hippies, raperos, gente de todas las tendencias, todos hacia el mismo destino, todos con la misma disposición a pasarlo bien, todos sin distinción. Bajo del autobús y cojo rumbo a la caseta de la cita acordada. Conforme me adentro al recinto paseando, me fijo en los puestos de turrón, chufa y coco instalados en la acera colindante a la Calle Infierno y me pregunto, ¿no será esto también parte de la gastronomía de la feria de abril? Recuerdo que desde pequeño existen y, ¿quien no ha comido en la feria algo de estos puestos alguna vez? Por eso creo que merece ser mencionado en este relato. |
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Nada más iniciar los saludos pertinentes, me ofrecen una copa de manzanilla, bebida por excelencia del Real. Comienzan las risas y sin darme cuenta me encuentro con un plato de tortilla de patatas, otro de montaditos de lomo y otro de pimientos fritos con sal gorda por encima, ¿habrá algo más simple y rico? No hay que dudar, ni preguntar, simplemente se come y se sigue charlando y riendo. Pasa el tiempo entre guita y guita (brida que llevan las botellas de manzanilla) y alguno de los del grupo se separa del mismo y al cabo de unos 5 minutos vuelve con otros 3 platos, esta vez con calamares del campo (cebolla y pimiento en aros pasados por harina y fritos en aceite caliente), gambas y jamón. Perdona, eran 4 platos, el otro era de queso, es el efecto de la manzanilla comenzaba a surtir efecto. Tocamos todos los temas de charla, que si la lluvia, que si tal, que si cual. |
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Por donde nos quedamos, ah!, ya sé. Nos disponemos a comer todo lo anteriormente dicho con buen clima, risas, algún que otro comentario sobre la comida “yo al adobo le hecho laurel, pues yo prefiero un poco de pimentón, pero hay que tener cuidado porque quema el aceite antes si lo usas mucho” y con alguno allegado nuevo y conocido que se acerca a saludar y ofrecer alguna vianda más a los allí presentes. Después de un rato de pura sociedad, decidimos cambiar de aires, nos apetece un “caldito” (caldo de puchero con hierbabuena), así que nos disponemos a buscarlo dirigiéndonos a la caseta de uno de los miembros del grupo que sabe que allí existe lo que buscamos. Ya a estas alturas no podemos fijarnos tanto en la gente, en lo que nos rodea, así que todos y cada uno llevan su propio ritmo, todos de frente, pero algunos más rezagados y otros más despistados. Al llegar, la misma historia, el cortejo al vigilante jurado para poder entrar. Ya una vez dentro, nos acercamos a la barra como podemos entre el bullicio y allí, sin más, pedimos 5 vasitos de caldo, con su hierbabuena, calentito a rabiar. A partir de aquí ya no hay conversación, no se habla, no se mira, solo se bebe para reavivar el cuerpo. Al tercer o cuarto sorbo, ya notamos los cambios físicos, ya se aprecia otro color en todo. Nos quedamos allí para terminarnos el caldito y después volvemos a salir. El grupo se disuelve, algunos madrugan al día siguiente, otros están ya cansados y otros deciden quedarse un poco más. Me dispongo a coger el camino de vuelta hacia la lanzadera, volviendo a pasar por la calle feria y por consiguiente por todos los puestos que al principio nombré. Me paro en el de churros, es raro que una persona que vaya de vuelta de la feria no se pare en estos puestos, sea la hora que sea, porque nunca cierran, nunca falta ese “barrio de calor” al principio mencionado. Saludos pertinentes y a comer. Churros: masa de harina, agua y sal con levadura, se fríen con dos palos y se dejan dorar, mientras, el chocolate caliente. |
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Busca ahí tu coche después de imaginar este artículo y me cuentas, ok? |
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