Año XNumero 137
| editorial | |
| Inútiles Cuerpos Danone por Koldo Royo | |
| firman en esta edición | |
| Iñigo Zarauz Las Razas Del Ganado Bovino | |
| José Oneto Asema Plasma en Un Libro La Originalidad de Las Mejores "recetas Doradas de Andalucía" | |
| Ernesto Gallud Mira Asturias , El Camino Del Buen Llantar | |
| Patricia Wriedt Québec, Suculento Destino | |
| Yilán Gil Guzmán Afrodisíacos Son o No Son | |
| Miguel Guzman Peredo La Cocina Exótica de México | |
| Raúl García Jiménez El Melón: Fruta Estrella Del Verano | |
| Conchi de Miguel Diálogo en Torno a Una Mesa | |
| Nuria Baguena Elogio a Los Cocineros y Cocineras | |
| Pablo G. Mancha El Toro en El Aula | |
| nuestros reportajes | |
| Promesas de La Trufa |
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| Éxito de Público en Las Vii Jornadas Gastronómicas de Ermua |
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- ¿De dónde eres? De Logroño, La Rioja. - ¡Hoooombreeee! – suelen decir, seguido de elogios a tu tierra: “Mi mujer es de allí. Nos gusta mucho y siempre hacemos una escapada en vacaciones” (Joan). “Cuando era pequeño iba a veranear a Nájera, qué sitio tan bonito… ¿Sabes hacer patatas a la riojana? Qué maravilla” (Pablo). “Los tres mejores días de mi vida he pasado yo en Logroño…”. (Carmen). Igual no se lo creen, de hecho a mí también me costaba, pero son frases textuales, reales, que a una se le han quedado grabadas. Impresionante. El riojano tiene la suerte de pertenecer a una tierra simpática, rica y tranquila. Personalmente he conocido catalanes, mallorquines, andaluces… que no llegan a localizar en su plano mental dónde está ubicado Logroño exactamente, pero es un lugar que, por alguna razón, cae bien. Al visitante no se le trata de "rey", de "reina", ni otros calificativos como "cielo" y demás… Pero hasta ahora la hospitalidad ha sido un valor incuestionable. Como en todo, hay excepciones. Parece mal comenzar la historia contando una crítica negativa pero dicen que la excepción confirma la regla. La anécdota que voy a contar es del verano del 2000. Ocurrió durante una cena en la bella y acogedora Asturias. En el comedor, una mesa repleta de platos caseros elaborados por la madre anfitriona de la casa. Enfrente de mí, un joven, asturiano como los demás comensales que me acompañaban, y cuyo nombre no recuerdo, osó desafiarme. - Yo estuve en Logroño una vez. - Ah, ¿sí? - Sí –continuó- y vaya… no me gustó mucho. - ¿Cómo? Una de mis cejas se elevó como nunca antes lo había hecho. - ¿Perdón? ¿Qué has dicho? - Que no me gustó. - ¿Por qué? - Los bares son muy pequeños. Esta sangre riojana que ahora escribe hervía a borbotones. Y hábilmente repliqué: “Lo que pasa es que siempre hay gente en ellos”. (Precisamente, acostumbrada al ambiente de los bares logroñeses, la noche anterior había quedado un tanto sorprendida con el vacío que observé en el caso de los ovetenses). Al principio creí que hablaba de los bares de copas, y luego también entró en el terreno de las tapas. En cualquier caso, no contraataqué. Sí le pedí argumentos y por unos minutos, el susodicho y yo, llevamos la conversación a una burda discusión sobre el espacio y las necesidades de una persona por metro cuadrado. Pero esto no viene al caso... Los ánimos se fueron templando y concluimos: Uno: que el tamaño de los establecimientos podría ser proporcional a la dimensión de una región como es La Rioja. Dos: Que sea la época del año que sea, salir de pinchos por Logroño siempre tiene adeptos. Y tres: la calidad-precio tampoco era cuestionable en los bares del Casco Antiguo de Logroño. En las calles Laurel y San Juan, reclamo turístico número uno de la ciudad, no hay trampas, no hay pinchos “relleno” con los que cubrir una majestuosa barra. Al menos no en los que yo os voy a enseñar. |
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